A cambio de las ceremonias anteriores que toman lugar después de la Santa Misa, esta ceremonia, que es la más solemne de todas, se efectúa en medio del Santo Sacrificio, en señal de la inmolación total de la que es Esposa de Cristo con el Divino Crucificado.

Antes de pronunciar su profesión, la Mínima se postra en tierra mientras se cantan las Letanías de la Orden Seráfica. Esto simboliza su renuncia total de todo y su muerte al mundo.